Hace más de setenta y tres años que se proclamó la Segunda República.
Miles de hombres y mujeres celebraron su llegada con entusiasmo en las calles de pueblos y ciudades ante la oportunidad de construir una sociedad mejor. Se trataba de un proyecto colectivo que tenía como principal objetivo la justicia social en un país sembrado de pobreza y de falta de oportunidades. Uno de los principales logros de esa República fue la llegada a nuestro país de la democracia.
El 19 de noviembre de 1933 votaron por primera vez hombres y mujeres con sufragio universal, una fecha que algún día debería ser festiva.
Se trataba de una República platónica, donde el esfuerzo por extender la
educación y distribuir la cultura estaba destinado a construir una nueva
sociedad basada en los principios de la libertad, la igualdad y la
fraternidad.
Los hombres y mujeres que estáis hoy aquí, y los muchos que han muerto sin recibir un reconocimiento público muy merecido, sois los padres y madres de la democracia en este país. Nadie más que vosotros y vosotras puede ostentar ese merecimiento. La construisteis y tras el golpe de Estado del general Franco la defendisteis, luchasteis por ella y mantuvisteis viva esa llama durante la dictadura.

Cuando regresó, la democracia apenas se acordó de vosotros y de vuestras familias. El proceso político fue rupturista con la II República pero no con la dictadura. Nunca alguno de vuestros verdugos, de vuestros torturadores, se ha sentado en un banquillo. La Transición fue una semilla sembrada en la triste tierra del olvido y durante años no habéis recibido un reconocimiento público equiparable a vuestros méritos.
Este homenaje, aunque llega tarde para muchos y muchas, es un intento por reconocer y agradecer vuestra lucha, vuestra dignidad a la hora de defender la libertad y vuestro padecimiento durante cuarenta años de desgracia colectiva azotada por la dictadura con mano de hierro.
Los hemos visto en películas de otros países luchando contra el nazismo, contra el fascismo, contra la impunidad. Eran héroes de la libertad pero no érais vosotros ni vosotras. Eran franceses, italianas, argentinos que lucharon contra sus dictaduras, pero no érais vosotros ni vosotras. Hoy sí lo sois. Sacrificasteis las vidas de vuestras familias, de vuestros hijos e hijas, las vuestras, para devolvernos a todos la libertad, para hacer de este mundo un lugar mejor.
Hemos venido aquí para quitarle las rejas a la celda de vuestra memoria para que seáis un ejemplo para nosotros, para nuestros hijos e hijas. Ahora, más que nunca en los últimos años, necesitamos vuestro ejemplo. El mundo se ensombrece, los derechos humanos retroceden, la injusticia crece a golpe de bombas y torturas y el horizonte se siembra de dolor e incertidumbre. Durante muchos años no vimos las huellas que habíais dejado en el camino. Pero esas huellas están ahí, están aquí y tienen que servirnos para ensanchar el futuro, para que dentro de él quepamos todos y todas.
Queremos daros las gracias. Queremos que sepáis de nuestra admiración y nuestro respeto. Y que con la fuerza de vuestra memoria vamos a trabajar por construir esa sociedad por la que luchasteis: con paz, libertad y justicia social.
Manifiesto leído por Carlos Elordi
al comienzo del homenaje a los republicanos en junio del 2004
Hoy hace 77 años.